domingo, 31 de octubre de 2010

Nuevo rumbo del diseño participativo

Una necesidad imprescindible de los seres humanos es la habitabilidad. Durante largo tiempo la labor de generar espacios habitables recayó en los profesionales del campo del diseño (arquitectos); quienes respaldados en su formación crearon soluciones sin involucrar a la gente que las utilizaría.
A nivel global el concepto de participación toma fuerza durante la década de los 60 cuando la gente no satisfecha con las alternativas, empieza a involucrarse en los procesos que darán respuesta a sus necesidades.
Esto ha sido causa de adecuaciones constantes en los espacios habitados, puesto que al ser diseñados estandarizadamente son evaluados hasta que son utilizados y es cuando la gente empieza a modificarlos. El 90% de estas adecuaciones son consecuencia de decisiones esporádicas de los propietarios, sin plan ni asesoramiento profesional.
Es decir, la sociedad ha comenzado a prescindir de nuestros servicios.
Surge entonces el diseño participativo como facilitador del diálogo entre la gente y los profesionales. Su constante evolución ha permitido que sus herramientas y métodos sean mejorados a partir de su aplicación; además de que su campo de acción se ha expandido, ya no solamente se ocupa del tema de vivienda, sino de la conformación del barrio e incluso de ciudad, lo actualmente llamado Producción Social del Hábitat.
Hasta ahora se observa que la participación genera identidad, solidaridad, sentimientos de pertinencia y compromiso con el espacio habitable; pero ¿hacia donde se dirigirá la participación hacía el 2050?

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